Violencia de género, violencia en las parejas del mismo sexo

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Violencia de género, violencia en las parejas del mismo sexo

Violencia de género, violencia contra la mujer, violencia contra la pareja, violencia intrafamiliar… Son términos emparentados y todos hacen referencia a un abuso, es decir, a la violencia ejercida desde una posición de superioridad hacia alguien a quien se pretende someter.

Este tipo de violencia es algo típicamente humano, una deformación de las relaciones y una mala interpretación de las necesarias asimetrías que existen en ellas. Por eso, aunque estamos acostumbrados a hablar de ello en términos de un hombre que agrede a una mujer, a menudo hasta el extremo de acabar con su vida, lo cierto es que puede darse en todo tipo de familias, en todo tipo de parejas. También en aquellas formadas por personas del mismo sexo.

Ya sea de forma física (golpes, lesiones, palizas) o psicológica (humillaciones, faltas de respeto, gritos, insultos), los hombres que forman parejas entre ellos y las mujeres que forman parejas entre ellas no están libres de deformar sus afectos, de retorcerlos hasta que en ellos no queda ni una sola gota de amor sino una espesa capa de dolor y maltrato.

A menudo se menciona que una de las ventajas de formar a una pareja con alguien de tu mismo sexo es que muchos de los pequeños y grandes abusos domésticos que se cometen en virtud de convencionalismos de género no tienen lugar… porque nadie podría “argumentarlas”, no tendrían “sentido”: si ninguno de los dos es una mujer ninguno de los dos puede decirle al otro que se espera de él que limpie, cocine, planche o se ocupe de los niños. O nos encargamos nosotros, o externalizamos lo que no queramos hacer. Si ninguna de las dos es un hombre no nos queda más remedio que apañarnos de manera autónoma, ninguna tiene por qué consentirle a la otra “Haz esto tú, que eres la mujer” o tú deberías protegerme a mí, o encargarte de las cuentas o de las chapuzas del hogar.

Desgraciadamente, en una pareja no todo acaba en cómo gestionamos la convivencia, si es que existe. La personalidad, los aprendizajes, la falta de autoestima o la dependencia emocional se saltan fácilmente las barreras de la orientación sexual y la identidad de género, dando lugar a relaciones tóxicas donde la violencia física y/o psicológica prende como el fuego en las hojas secas.

Pon atención a tu relación, date cuenta de lo que está ocurriendo. No te avergüences de ser un hombre maltratado por otro hombre, no hay nada vergonzante en ser una mujer a la que está maltratando otra mujer. Habla con alguien de tu confianza, pide ayuda, da el paso de poner un límite. Deja que “mujer contra mujer” siga siendo solo el título de una canción bonita, no consientas que ningún hombre sea un lobo para ti.

Rafael San Román @psicoduelo
Psicólogo Voluntario -Fundación Eddy-G

2017-11-24T07:57:29+00:00